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Apreciación Artística
La pintura me transporta a un reino donde el poder bruto de la naturaleza se encuentra con el ingenio humano. Un molino rústico, situado junto a un arroyo impetuoso, se convierte en el punto focal. El artista captura magistralmente el movimiento del agua: un torrente de blanco espumoso cayendo en cascada sobre las rocas, transmitiendo una sensación de energía indómita. El paisaje circundante, un tapiz de follaje verde y montañas imponentes, agrega profundidad y escala. El uso de la luz y la sombra es dramático; el cielo, un lienzo de nubes de tormenta, proyecta una atmósfera melancólica sobre la escena. Casi puedo oír el rugido del agua y el chirrido de la rueda del molino.
Molino de montaña suizo junto a un arroyo tumultuoso
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